Existe una creencia sumamente peligrosa en los pasillos corporativos y despachos contables: "Guarda la contabilidad por cinco años, después de eso, el SAT ya no puede revisarnos". Esta premisa, aunque parcialmente cierta para la operación ordinaria, es una trampa mortal.
La pérdida de información contable (ya sea por un ciberataque con ransomware, un desastre natural, un incendio o el robo de equipos) es una pesadilla corporativa. El problema es que el SAT no acepta "excusas" si no se sigue el protocolo legal exacto.